Llegó al voluntariado de la Cruz Roja Venezolana en el 2024, pero por causas de fuerza mayor se tuvo que retirar. En 2026, días después del doblete sísmico, dejó su hogar en La Guaira y al mes volvió a la Sociedad Nacional para reincorporarse como voluntaria junto a su hija. Hoy compartimos la historia de Mirtha Marrufo como un punto de luz y esperanza en medio de la adversidad
Ser docente es mucho más que dar clases. Es tener la vocación de servicio para acompañar, con sensibilidad y empatía, a la transformación individual y colectiva del tejido social. Mirtha Marrufo es docente de profesión y voluntaria de la Cruz Roja Venezolana por vocación.
Como la mayoría de los voluntarios, llegó por el curso de Primeros Auxilios y la formación como Socorrista en 2024. Por causas de fuerza mayor se tuvo que retirar; sin embargo, mantuvo su vínculo y estuvo conectada e informada a través de las redes sociales y la página web.

En junio de 2026, días después del doblete sísmico, dejó su hogar para mudarse temporalmente a Caracas a casa de unos familiares. “Vivo en La Guiara y lamentándolo mucho fui afectada por los terremotos. Mi casa tuvo daños”, comentó.
Desde que tiene uso de razón, a Mirtha le apasiona ayudar. Al mes de haber salido de su casa, buscó canalizar la adversidad a través del servicio a los demás y decidió presentarse nuevamente en la Sociedad Nacional para ser voluntaria junto a su hija Selene, de 16 años, quien desde hace un tiempo quería unirse al Movimiento.
“Mi hija está muy contenta y hasta pelea por su puesto (risas). Eso me agrada porque nos ayuda a ambas. Saber que mi hija se siente bien, me hace sentir bien a mí y eso me tranquiliza. Siempre estaré agradecida con la Cruz Roja Venezolana porque fui recibida con mucho cariño, me sentí nuevamente en familia”, afirmó al comentar que muchos de sus compañeros sabían que vivía en La Guiara y al verla de vuelta, se alegraron.
Volver al origen
Su regreso a la acción como voluntaria no solo fue en la sede, sino también en el terreno donde se producen las jornadas de distribución de kits de asistencia humanitaria. La primera a la asistió fue en Marapa Marina, en Catia La Mar y la segunda en el Campamento Transitorio Complejo Educativo República de Panamá, liceo en donde Mirtha ejerció la docencia.
“Reencontrarme con uno de mis directivos y mis compañeros, y darnos ese fuerte abrazo, me ha ayudado muchísimo. Fue una experiencia triste, pero nos enfocamos en darle lo mejor a las personas que allí se encontraban”, dijo.
En esta jornada de distribución, la Cruz Roja Venezolana entregó más de 280 kits de asistencia humanitaria a las familias que se encuentran en este campamento transitorio y que provienen de las parroquias Maiquetía, Catia La Mar, La Guaira, Urimare y Caraballeda.
Para Mirtha, la educación y el voluntariado comparten la misma esencia de servicio, orientación y acompañamiento a quienes más lo necesitan. Guiada por esa convicción, mantiene la determinación de seguir transformando vidas, tanto desde la labor humanitaria en terreno como a través del trabajo en las aulas de clase.
“Todos los días le pido a Dios salud y fortaleza. Ser docente es un oficio muy hermoso. Poder educar y atender a los alumnos, me llena de mucha satisfacción”, concluyó.